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01/05/2012 : 12:43 : Desde el año 1924 -según datos de la Asociación Civil Salvemos al Fútbol- 261 personas murieron en Argentina en situaciones relacionadas con eventos futbolísticos. Las estadísticas remarcan que cerca del 50% del total de muertes, sucedieron desde 1990.
Por está situación y preocupados por un problema que de persistir, creen que irá en ascenso, un grupo de profesionales que desde hace más de diez años realizan investigaciones científicas en universidades públicas y organismos del Estado como el CONICET, desarrollaron una serie de propuestas para la prevención de la violencia en el fútbol.
En el documento, al que Online-911 tuvo acceso, remarcan que ya en la manera de nombrar el problema hay un problema, que dicen que no es retórico sino ético. “No hay “violentos” ni “violencia en el fútbol” sino condiciones que posibilitan el acontecer de prácticas violentas en torno de eventos futbolísticos. Condiciones de posibilidad que, al involucrar distintos planos y sectores, vienen a echar por tierra la consabida figura del “culpable””, señalan.
Del informe en el que participaron José Garriga Zucal; Juan Manuel Sodo; Pablo Alabarces; Verónica Moreira; Diego Murzi; Rodrigo Daskal; Santiago Uliana; Juan Branz; Alcira Martinez; Sebastián Sustas; Ramón Burgos; Javier Szlifman; Federico Czesli; Diana Avila y Nicolás Cabrera, se desprende que el acontecer de prácticas violentas en torno de eventos futbolísticos no es “irracional”, “ilógico”, “sinsentido” y “accidental”, producto de “anormales”, “inadaptados” al ritual del fútbol.
“Muy por el contrario- dicen los investigadores- se trata de algo que responde a racionalidades y lógicas muy concretas, ancladas en valoraciones relevantes para los sectores implicados, según los cuales, por ejemplo, las prácticas violentas en el contexto del fútbol no solamente son permitidas sino además consideradas legítimas. De modo que, al no ser accidentales, las prácticas violentas son previsibles. Y al ser previsibles son prevenibles”.
Así la propuesta que realizan es menos espectacular que “una super-ley, un mega-operativo, una hiper-sanción, detenciones en masa, prohibición de visitantes o derechos de admisión”, sino más bien, apunta a trabajar focalizando precisamente allí donde la mirada puramente judicializadora no alcanza: en las condiciones mismas de posibilidad, trabajar previniendo, co-construyendo. Porque una cosa es “reprimir la violencia en el fútbol” y otra muy distinta la construcción intersectorial y a largo plazo de eventos deportivos seguros.
“En materia de seguridad -dicen los investigadores- nadie mejor que los hinchas comunes. Nadie conoce los secretos del ir y el estar en la cancha como ellos. ¿Por qué no diseñar canales institucionales de diálogo y consulta a fin de otorgarles injerencia en las decisiones? ¿Por qué no abrir espacios en los que constituirlos como interlocutores calificados al momento de, por ejemplo, diseñar la seguridad de un partido de fútbol e incluso, por qué no, sancionar una nueva ley de espectáculos deportivos que mejore a la vigente? ¿Por qué no hacer que se sientan respaldados, escuchados y tenidos en cuenta?. Creemos que empoderados, los hinchas comunes mismos auto-regularían sus prácticas y comportamientos, y terminarían auto-gestionando la seguridad en los estadios”.
Otra de las medidas que creen habría que tomar es “optimizar los recursos y tiempos, trabajando prioritariamente sobre lo posible de ser modificado. Un ejemplo que conecta con lo anterior: confiamos en que los buenos espectáculos adentro de la cancha quitan atención al afuera sedimentando así las bases sobre las que se asienta la cultura del aguante, también conocida como “ser hinchas de la hinchada””.
También proponen que a través de campañas, capacitaciones y jornadas se puede intervenir sobre la cultura del aguante-violencia, generando las condiciones para hacer conciente la legitimidad que actualmente presenta. Capacitar a las fuerzas de seguridad para acciones de prevención en espectáculos masivos, es otra de las medidas que plantean; así como crear un estatuto del hincha en el que se establezcan de manera consensuada entre los sectores las obligaciones y los derechos de los hinchas; y también que se analicen y regulen las páginas web, los sitios partidarios y todos los medios en los que se incite a prácticas violentas.