
15/07/2012 : En este momento se encuentran en tela de juicio las políticas de drogas, respecto a las que no cabe duda existen gravísimos problemas, sin embargo para evaluar adecuadamente su impacto no basta con ver a ligera su resultado concreto, sino que es necesario hacer complejos modelos de evaluación y un análisis contra-fáctico de que habría pasado si dicha políticas no se hubieran realizado; ya que por ejemplo si bien los resultados pueden ser malos, podrían ser peores de no existir estas políticas.
Asimismo, y dado que hay una propuesta de otra política y marco regulatorio, no se puede necesariamente asumir que ésta va a ser mejor que la anterior, sino que también es necesario analizar cuál sería su impacto, en los derechos de las personas, la demanda de drogas, en las organizaciones criminales, la salud y seguridad pública, y en la fortaleza de las instituciones.
Atento que la reforma en discusión es la legalización del consumo de drogas, primero es de aclarar un error frecuente aparecido en informes locales, ya que la posición oficial de las Naciones Unidas es claramente contraría a dicha legalización. Lo que si las Naciones Unidas plantea es que no se debe sancionar con penas privativas de libertad el consumo; posición sobre la que hay un consenso muy grande, y puede ser un buen punto de partida para la reforma en cuestión.
Es de aclarar que de acuerdo al principio de legalidad establecido por la Constitución Nacional, toda actividad es legal en tanto no sea prohibida, y ese sería el caso del consumo de drogas, que si se despenaliza completamente, queda por ende legalizado (por más que se usen eufemismos). Una de las consecuencias de ello sería por ejemplo que si se encuentra a un adolescente con dosis para uso personal de drogas de alta peligrosidad, como el paco, ni siquiera dicha droga podría ser incautada.
Por dichos problemas, y también como señal frente a la sociedad y al mercado de estupefacientes, podría ser conveniente mantener la penalización del consumo de drogas, pero estableciendo como simple sanción su decomiso inmediato y una multa razonable de tipo administrativa.
Por otro lado, la legalización de sólo el consumo en principio generaría un aumento de la demanda, lo cual además de afectar la salud pública, conlleva un crecimiento del mercado y de las organizaciones criminales que actúan en él. Siendo ello es uno de los efectos más nocivos de tráfico de drogas, el cual genera violencia, afecta la seguridad pública y corrompe el funcionamiento del estado.
Dichos graves riesgos hacen que se deba ser particularmente prudente a la hora de legalizar el consumo de drogas, sobre todo en un contexto en el que en Argentina se ha multiplicado su uso, se ha consolidado el mercado interno, se ha convertido en uno o él principal paso de drogas a Europa, y ya hay organizaciones mafiosas que se pelean por el control del mercado.
Entonces y atento el viejo principio de gradualismo, en el caso que de todas formas se avance en la legalización, en un principio debería hacerse sólo sobre las drogas con menor efecto nocivo, que tengan un menor impacto en el mercado, y en la oferta de grande organizaciones criminales. Por eso, parecería razonable que, llegado el caso, se legalice sólo el consumo de la marihuana, y no otras, ya que sino además de crear un problema de salud pública, estamos potenciando la acción del crimen organizado
Por otra parte, dado que una medida como ésta si bien podría tener algún efecto positivo, por ejemplo sobre la libertad de las personas, por otro lado podría tener efectos secundarios negativos sobre la salud y la seguridad pública, entonces es vital que en forma previa y a lo largo de su posterior implementación se encuentren asignados todos los recursos necesarios y funcionando los programas para atender a poblaciones vulnerables y para perseguir el tráfico, sino además de poder fracasar, estas políticas no tendrían credibilidad.
Finalmente quiero reiterar que son indiscutibles los problemas de las políticas de drogas, los cuales afectan la libertad y los derechos de las personas, y que por ende son necesarios cambios. Sin embargo, de ser realizada de manera arriesgada o equivocada, y sin los recursos necesarios, en un contexto que ya es complicado, la reforma se puede convertir en una suerte de lámpara mágica de la que se va a dejar salir al genio pero después no se va a poder volver atrás.